Es tan extraño encontrarme en esta situación... Nunca me imaginé escribiendo estas palabras. Es doloroso y gratificante poder haceros partícipes y que lleguéis a conocer un poquito a dos de las personas más especiales que jamás en la vida creí que tendría la suerte de conocer. Por favor, leer hasta el final.
Hace unos años me tocó a la puerta una vecina y su hija. Habían comprado un bolsito para mi hija. Las conocía de vista, de cruzarme con ellas en la escalera, no mucho más. Lo cierto es que eso dio pie a que empezásemos a hablar. Siempre abiertas, siempre serviciales, pero el recelo a la hora de tratar con gente diferente (porque lo son y mucho, en el buen sentido de la palabra), me impedía intimar más con ellas. Y la pareja de la hija aun más, porque su apariencia externa no es que diera pie a tener confianza.
Un día me tocaron al timbre y me dieron unos folletos porque iba a haber una especie de reunión a favor de una asociación de mujeres maltratadas. Habrían algunas personas conocidas en el evento, entre otros Hueco, el cantante y padrino de la asociación. Me comprometí a repartirlos e ir. Hice la primera parte, pero como ninguno de mis conocidos acudiría, me dio cosa presentarme allí sola y me quedé en casa. Cosa de la que me arrepiento. De algún modo, esos folletos me abrieron los ojos y ciertas circunstancias personales, tanto mías como de ellas, nos unieron aun más. Tuvieron que dejar de vivir en mi portal y mudarse a otro pueblo, pero eso, antes de distanciarnos, hizo el lazo aun más fuerte. Les guardaba el correo y estábamos en contacto continuado por tlf.
En una ocasión Carla, es el nombre de la hija, me invitó a acudir a su nueva casa porque se iban a juntar un grupo de chicas y le apetecía que yo estuviera. Allí me di cuenta que su labor no era sólo recaudar fondos, si no que tenían casa de acogida y luchaban con pasión por ayudar a esas mujeres y a esos niños que tanto estaban sufriendo. Ese día empecé a involucrarme un poquito más en su causa.
Poco puede hacer una mano, pero si muchas se unen, se puede hacer una gran cadena y entre todos ayudar un poquito a los más necesitados.
Vi como luchaban con bancos, con concejales, con otras asociaciones, con los prejuicios de tanta gente, todo de forma desinteresada y con el único objetivo de ayudar a los que más lo necesitan.
Carla era la presidenta de la asociación por aquél entonces. No he visto mujer más fiera cuidando de sus chicas. Y entre ellas a mi. Me ayudó de mil maneras diferentes. Ayudó a mi hija. Era algo que hacía sin darse cuenta a penas. Sin esfuerzo. Porque era algo intrínseco en su naturaleza. La bondad, la pasión y el desinterés de una persona con una fuerza y una riqueza interior que le supuraba por los poros. Y en cierto modo es comprensible. Su vida no había sido nada fácil. Luchó contra un cáncer (enfermedad) y contra otro mayor, su ex pareja. No quiero entrar en detalles para no herir a las personas que puedan leer esto y que la conocían pero ella vivió parte de su vida a escondidas por temor a un hombre, político de tercera pero con cierto poder, que un día decidió terminar con la vida de Carla y de su pequeño Josu. Y tras esa terrible experiencia y viendo el maltrato continuado que había sufrido su madre a manos de su padre, se volcó con la asociación y sus chicas.
Josu era un niño especial. Quizás el vivir en un ambiente de lucha y coraje le hizo más especial si cabe. Su mirada era limpia y transmitía calma, paz. Nunca le escuché hablar mal de su padre o de su abuelo. A pesar de lo que son. Mi hija le adoraba. Le seguía como un perrito por donde él iba. No puedo hablar más de él, me ahogan las lágrimas, sólo decir que era el gran apoyo, el puntal de la vida de su madre.
Mis circunstancias personales y la vida en sí, nos distanció un poquito, pero seguíamos en contacto, había, hay un lazo que jamás se romperá.
¿A qué viene esta historia, os preguntareis? Hoy es un día muy doloroso para mi. Para muchos. Hace un mes que un maldito tren que los llevaba de Madrid a Santiago se los llevó más lejos aun, más allá de las estrellas. Aun me cuesta creer que se han ido, que ya no voy a ver sus sonrisas, que no voy a sentir sus palabras, su cariño y sus cuidados. Dos días antes del accidente, volví a hablar con Carla. Hacían meses de la última vez. Era feliz. Había encontrado a un hombre maravilloso que la cuidaba y que adoraba a Josu. Era su pareja perfecta, el refuerzo de una gran mujer. Y precisamente ahora, cuando la vida le sonreía, cuando veía un futuro rico y en paz, el maldito tren se los lleva a los dos. Jamás entenderé por qué esta maldita vida es tan injusta...
Al menos me queda la paz de saber que cada vez que les recordamos, la parte que han dejado de ellos en nosotros, sigue viviendo. Y que allá, en la estrella que más brilla, que se ve incluso en el día más nublado, nos están vigilando, observando y cuidando que nada nos ocurra, como hacían cuando caminaban entre nosotros...
Os quiero y os echo de menos...

Hola, también conocí a Carla y a Josu, recuerdo con mucho cariño su cara de niña enamorada, cuando Suso, le mandaba fotos en el móvil y en ella brillaba una luz radiante, por que en su corazón sabía que él era esa persona que tanto anhelaba. Juntos formaban una pareja, donde el amor y la adoración del uno por el otro se podía palpar, me encantaba verles tan felices y por supuesto a Josu, él también era muy feliz había conectado muy bien con la nueva pareja de su amada madre.
ResponderEliminarNo soy capaz de aceptar que ya no están, pero tengo la certeza que ellos son unos seres especiales y extraordinarios que siguen estando entre nosotros, cuidándonos.
Nunca os olvidaré, os quiero, gracias por aparecer en mi vida.
Ángeles de luz, benditos.
Hola,
ResponderEliminartambién conocí a Carla y a Josu, aún recuerdo su cara de felicidad cuando su móvil sonaba y aparecía una foto de Suso, su chico. La cara se le iluminaba y por su cuerpo corría esa energía del primer amor, el de los 15 años. Desde que conoció a Suso su sonrisa tenía un brillo especial, era feliz y eso me hacía muy feliz a mí también.
Tenía una gran ilusión, llevaba las pilas super recargadas.
Hoy también os echo de menos, a ti y a Josu. Para mí sois mis ángeles, que se cruzaron en mi vida, para hacerme una mejor persona y aprender de vosotros todo aquello que tenía que ser.
gracias por aparecer en mí vida siempre os recordaré y os echaré de menos. Os quiero.
Tristeza
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