domingo, 8 de marzo de 2020

A todas nosotras

Felicidades, mujeres porque cada día mostramos nuestra fortaleza. Porque cada día, sin importar todas las piedras que encontramos en el camino, buscamos una salida para seguir. Porque somos amantes y fieras leonas para cuidar de nuestros seres queridos. Porque no hay nada que no logremos conseguir con constancia y empeño. Porque amamos sin miedo y nos entregamos sin medida. Porque luchamos por nuestros sueños aunque nos pongan zancadillas. 
Felicidades mujeres porque llevamos a cuestas la carga del mundo, y no tememos. Porque con una caricia, con una sonrisa, logramos que no haya ningún lugar oscuro. Felicidades porque no importa lo que nos digan en contra o quieran utilizar nuestra propia sexualidad para atacarnos ya que a cada instante les mostramos a todos lo fuertes, valientes, sinceras, luchadoras, inteligentes, tolerantes, sabias, constantes, dulces, fieras, amables, orgullosas y miles de cosas más que nos hacen ser increíbles, genuinas e inimitables. 
Felicidades mujeres porque somos mujeres y eso no resta sino que suma. 
Feliz día de la mujer.

lunes, 11 de junio de 2018

UN SER ESPECIAL

Qué extraña es la vida... Cuando te alejas de la gente que te aprecia, pierdes un trozo de tu alma. Sin embargo, para empezar a reconstruirte debes reconocer tu error y volver a casa. Y tu casa está donde te sientes querido, valorado. Allí vuelves a encontrar todos tus pedazos que, con cariño, te ayudan a juntar hasta que solo queda una pequeña cicatriz insignificante que sirve para recordarte quien eres de nuevo.

En ocasiones, al volver a casa, encuentras a personas que te cambian la vida. Personas que, por difícil que pueda parecer, te dan todo lo que tienen, incluso parte de sí mismas, para sanarte. Y te ayudan a quererte, pero esta vez de verdad. Te enseñan a que vales mucho y a que eres un ser especial. Con tus rarezas y tu carácter extraordinario. Te enseñan que la vida no es el bache oscuro y sin sentido donde te habías escondido para, simplemente, ver la vida pasar. Y vuelves a enamorarte de la vida. Y vuelves a soñar. Y vuelves a sentirte feliz y viva, con un millón de metas y de ilusiones nuevas por conquitar. Y te das cuenta de que la felicidad, realmente es algo que se puede alcanzar.

sábado, 20 de enero de 2018

Canciones para animarte

A veces nos pasa que nos cuesta levantarnos por la mañana. El día se pone cuesta arriba por distintas causas y no encontramos energía ni ánimos para forzar una sonrisa. Los motivos pueden ser varios: pérdida del trabajo, enfermedad propia o de un familiar, desamor...
En muchas ocasiones puede resultar angustioso abrir los ojos y levantarse de la cama.
No quieres salir...
Quieres que pasen las horas, los días y los años hasta que esa angustia pase y puedas, al menos, respirar con normalidad, porque hasta eso duele.
Para esos días, para esos momentos difíciles, busco refugio en la música.
No es algo que haga efecto inmediato, no es un milagro, pero es mi terapia para sentir que aún estoy viva y que aún puedo "sobrevivir" a la vida.
Como en otra ocasión comenté, tengo varias canciones que me animan cada mañana, pero poco a poco he ido ampliando y variando mi discografía sin importar la época en que se compusieron o el estilo musical.
Aquí os dejo los enlaces de varias de ellas, por si necesitáis un empujoncito:

-Hoy puede ser un gran día - Serrat: https://youtu.be/ShGYAHBApXM
-Resistiré - Dúo Dinámico:
https://youtu.be/w_KFr-Lnxsk
-I feel good - James Brown:
https://youtu.be/DuDeBcpLITQ
-Sobreviviré - Mónica Naranjo:
https://youtu.be/xErS7G3-tCQ
-Todo irá bien - Chenoa:
https://youtu.be/mdpNhu9l6Xo
-Hoy toca ser feliz - Mago de Oz:
https://youtu.be/abLwErDrwJc
-Sonríe - Rosana:
https://youtu.be/Mo_YE4cLCBA
-Sin miedo - Rosana:
https://youtu.be/tKiTgW8BBDI
-No creo en el jamás - Juanes:
https://youtu.be/HbxordEN_dE
-Sonrisa - Ana Torroja:
https://youtu.be/JFyEx-DGvfk
-Aprendí - Rosana:
https://youtu.be/aaJ-YKkjZKA
-Buenos días Mundo - Rosana:
https://youtu.be/qBdHPFj-JhE

Espero que os sirva de ayuda y ¡A VIVIR!

viernes, 12 de enero de 2018

Decisiones

¿Quién me iba a decir que todo cambiaría? Lo que durante años ha sido algo constante, seguro y feliz, en ocasiones desaparece sin más y tienes la sensación de que tu mundo se tambalea y se desvanece a tu alrededor. A veces son decisiones que tomamos de manera consciente y nos ayudan a caminar hacia ese futuro, que por más que hayamos querido abrazar, no por ello deja de ser incierto. Pero en la mayoría de los casos, esas decisiones las toman otros, nos vemos arrastrados por sus consecuencias y el torbellino de sensaciones se acentúa dejándonos desorientados, perdidos y sin aliento.
¿Qué podemos hacer ante esta situación? ¿Pelear y remar a contracorriente buscando recuperar la estabilidad anterior? No... creo que lo mejor es dejar que todo ese torrente nos arrastre hasta una playa de paz y serenidad.
¿Que sentiremos que nos ahogamos y moriremos en el intento de mantenernos a flote? Eso seguro. Y nos rendiremos decenas de veces, pero llegará el día en que ese maremágnum se calmará y volveremos a respirar en paz.

viernes, 14 de agosto de 2015

Se murió la estrella

Mira esa estrella...
Todos tenemos una estrella a la que miramos y nos lleva a un punto de alegría y esperanza. Es a la que pedimos nuestros deseos y en la que fijamos nuestros ojos cuando esperamos ser felices...
Lo malo es que sea una estrella fugaz.

Olvidar la tristeza...


En ocasiones quisiera encogerme sobre mi misma y olvidar la tristeza...
¿Es normal sentirse tan vacío? ¿Qué puedo hacer para no tener miedo?
Desde hace un tiempo no consigo sonreír demasiado y cada vez me siento más sola y más vacía. No importa cuan rodeada esté, eso no tiene mayor importancia cuando te sientes así.
Y no entiendo por qué la vida tiene que resultar tan difícil... Sólo levantarme me deja agotada y lo único que deseo es volver a cerrar mis ojos, encogerme sobre mi misma y dormir para olvidar la tristeza...

sábado, 14 de diciembre de 2013

Salí a la vida

Salí a la vida
Era un fantástico día. Descubrí que ese sol me invitaba a salir a respirar de nuevo el aire limpio y puro. Abrí la puerta y la belleza y la calidez del sol me hizo retroceder hacia el interior nuevamente. Sentía que no estaba preparada aun. Pero, al intentar cerrar nuevamente la puerta, me asusté de tanta frialdad y oscuridad. Me armé de valor y salí a la vida.

Seguí la vereda en busca de algo, sin saber muy bien el qué. Iba empapándome de toda la frescura de los árboles y plantas que me rodeaban. De pronto, una ardilla saltó delante de mí y se me quedó mirando. Tanto me sorprendió que estallé en una carcajada y la ardilla, mirándome indignada, se ocultó de nuevo en la espesura del bosque.

No recordaba la última vez que había reído así. Aun más, no recordaba el último momento en que había sonreído de verdad, llegando a los ojos la alegría.

Y todo me llegó de golpe. Caí de rodillas en medio de la vereda, dejándome arrastrar por tanta desesperanza, ahogándome en mis propias lágrimas. Fue un momento interminable. La ansiedad y el dolor hacían que no pudiera respirar. Sentía tanta agonía que lo único que deseaba era volver a casa y dejar que mi vida volviera a perderse entre las sombras. Pero ni eso podía. Todo me daba vueltas y caí semiinconsciente. Pensé que fueron minutos, pero quizás fueron horas, porque el frío se me había metido hasta los huesos y sentí algo húmedo y rugoso en mi mejilla. Abrí poco a poco mis ojos y descubrí la carita de mi amiga indignada mirándome. Había venido a hacerme compañía. Miré a mí alrededor y me di cuenta de que ya era noche cerrada.

Me levante despacio, para no asustar a mi nueva amiga y decidí volver a casa. Pero hizo algo curioso. Se apartó unos metros y se volvió a mirarme. Eso en sí no tendría más importancia, pero al repetirlo en varias ocasiones, decidí seguirla. En realidad solo tenía dos opciones, volver a mi prisión o ver hacia donde me llevaba mi curiosidad.

Seguí a la pequeña introduciéndome en el frondoso bosque. Estaba demasiado oscuro y a penas la tímida luz de la luna me dejaba ver más allá de un par de pasos. Pero sentía que ella leía mis miedos, porque nunca se alejó más allá de esa distancia. Cada vez con más curiosidad y rapidez, me iba adentrando en el bosque, sin darme cuenta de que ya no reconocía el lugar donde me hallaba. No era consciente del frío ni del hambre, solo quería saber hacia dónde me llevaba mi amiga.

Hasta que se paró en seco. Empezó a revolotear sobre un montón de hojas que había en el hueco de un árbol. Se puso a escarbar con sus patitas, con suavidad, hasta que se escuchó un débil gemido. Me abalancé, porque había algo vivo allí enterrado entre las hojas. No sabía qué iba encontrarme. Al apartar todas las hojas descubrí un cuerpo diminuto, casi sin vida. Le abracé con una pasión, con un dolor convulsivo, queriendo introducirle dentro de mí, nuevamente, donde nadie ni nada pudiera hacerle daño de nuevo.

¡¡¡Mi hijo!!!  Mi ángel, mi pequeño tesoro…

Estaba de nuevo en mis brazos y yo no podía parar de llorar balanceando mi cuerpo hacia adelante y hacia atrás riendo a la par de felicidad.

Entre todo el estruendo de mi profunda alegría cargada de desesperación, escuché una vocecita pero no comprendía lo que me decía. Yo seguía llorando y trataba de comprender. Seguía riendo con agonía y no lograba entender lo que esa vocecita expresaba. Hasta que hice un esfuerzo sobre humano por escuchar y calmé mi angustiada alegría.

.- Mama, no fue tu culpa. Mamá, yo te quiero. Sé que todo fue un accidente y que jamás me habrías querido hacer daño. Hace mucho tiempo que trato de decírtelo pero solo escuchas los gritos de tu corazón que acallan mis palabras. Mami, tu tristeza me hunde cada vez más en el olvido y yo quiero que me guardes en tu corazón, pero no junto a la culpa y el dolor. Mi mamita, quiero verte feliz quiero que salgas de la prisión que te has auto impuesto y vivas por mí. ¡Disfruta! ¡Vive! ¡Sueña! ¡Ama!. Porque yo te estaré esperando siempre desde esa estrella en el cielo, la que más brilla, viendo lo linda y feliz que estás. Te quiero, mi mami. Eres la más hermosa. Y cuando fui a besarle, me desperté de mi sueño.

Estaba en mi cama, en esa habitación oscura y fría e iba a dejarme arrastrar de nuevo por el dolor, cuando recordé las palabras de mi bebé no nato que ese maldito accidente arrebató de mis brazos. Y comprendí que tenía razón. Sería muy duro, pero lo tenía que hacer por él. Y lo haría…
Abrí la puerta, esta vez en la realidad, y salí a la vida…


Fin.